NO
Pocos libros como aquel poemario de la uruguaya Idea Vilariño (1920 - 2009) que lleva por título No (1980) demuestran una tan sincera y natural, tan desapasionada y profunda, más que mera cercanía, projimidad con la muerte.
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Si te murieras tú
y se murieran ellos
y me muriera yo
y el perro
qué limpieza
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Si el alivio que la muerte trae para Idea Vilariño en este poemario, No (1980), se emparienta con alguna poética o estética, será necesariamente con una anti-poética, en tanto que traspasada por el deseo de que cese el incesante motor que genera los seres y las palabras.
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Qué asco
qué vergüenza
este animal ansioso
apegado a la vida
qué vergüenza
este animal ansioso
apegado a la vida
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Idea Vilariño consuma en su poemario No (1980) lo que podría denominarse, tal vez, una verdadera "poética de la omisión", cuyo sentido ontológico no sería otro que el de poner un definitivo término a la incesante proliferación del ser en el discurso.
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Inútil decir más.
Nombrar alcanza
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Desde el título de este libro, No, Idea Vilariño expresa una volición negativa, o, para decirlo mejor y más exactamente, negadora: la de no afirmar. La de decir, pero para no afirmar. La de decir, pero para, en cierta forma, no decir.
Esto insufla el espíritu austero, el extremo, por así clasificarlo, minimalismo formal, de todos los, no por casualidad, breves poemas que componen este singular libro:
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Cómo acepta la falta
de savia
de perfume
de agua
de aire.
Cómo.
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Esta rara volición que manifiesta Vilariño en No, la de decir pero para no decir, la de decir pero a condición de no sumar con ello (contrariamente a lo que es la misma definición habitual del decir) ninguna voz a lo dado, de no reproducir el ser con más metáforas, símiles ni tropos de cualquier índole, de limitar la producción y la reproducción de las formas, es un propósito, en suma, inédito: el de decir para omitir.
Y, en el fondo, el de cerrarlo todo de una vez, de concluir sin más demoras inútiles la función, pero no terminar la vida con el estruendo de un gran portazo, sino con el corte parco de una simple risa seca:
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Tendría que sentarme en un banquito
y esperar que termine
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