sábado, 18 de julio de 2015

AMARGO, AMARGO



Pragmatismo amargo, o amargura pragmática, vacío gastado y presbicia por toda promesa de porvenir, por todo horizonte amargo de la pragmática trampa, de esa trampa gigante y rutinaria llamada la existencia, pero corazón envenenado, siempre, siempre loco corazón humano que hace poesía de trapos, penumbra y polvo en los olvidos viejos de las casas y los barrios, en los rincones odiosos de lo amado








Tarjetas del protofascismo tropical


El arte conceptual y las anfetas
nos mantienen a la moda. 
Las mujeres en la perrera, 
las poetas hacen fila en la disco gay.
¿Qué tan duro será el invierno?
Los travestis en la perrera y el proletariado
que tampoco ayuda a convencernos.
¿Y si te hubiera dicho lo que callé?
Eso, seamos honestos, 
es de lo único que se ocupa el cerebro
mientras observo este paisaje municipal.








Regreso


Y un buen ocho de abril
o catorce de noviembre,
en un hotel de provincia,
la que hubiera podido
ser la madre de tus hijos
pasa la ropa sucia
de una maleta a otra.









La bajita del rincón


Mamá quería que yo fuera mujer
y que no lloviera nueve meses al año
y que papá la sacara a bailar de vez en cuando.
Pero era más probable amanecer un día con tetas
o un cambio anómalo del clima,
antes que don Luis la convidara un bolero.
Hace varios años que mi madre dejó de soñar,
hoy aguarda la vejez como un último trámite.
Esa mujer que muchas mañanas
lavó y secó los pies que más tarde
una sola vez bailaron con ella,
se sienta todos los días en las gradas de su casa
a mirar el baile victorioso de la lluvia.
Y para atender mis llamadas,
cada vez menos frecuentes,
ya ni siquiera puede levantarse
por el peso de tanta música muerta en sus piernas.









Luis Chaves (Costa Rica, 1969), ganó el Premio Nacional Aquileo Echeverría en Poesía por su libro La máquina de hacer niebla (2012). Su libro más reciente es Salvapantallas (2014).

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